La mesa de centro Alba II nace como una evolución natural de la icónica Alba, una pieza que ya hablaba de equilibrio y proporción. En esta reinvención, la forma se vuelve aún más libre y versátil, pensada para acompañar los gestos cotidianos de la vida contemporánea. No es solo una mesa: es un pequeño paisaje doméstico que se adapta al ritmo del día, a la luz que entra por la ventana, a las conversaciones que se alargan sin prisa. Alba es una mesa con bases de mármol que entiende el salón como un lugar para estar, no solo para pasar.
En la mesa Alba sus dos bases de mármol sostienen la esencia de la pieza. Su presencia es firme, serena, casi escultórica. El mármol, con sus vetas únicas y su tacto frío y mineral, habla de tiempo, de materia que ha aprendido a ser bella sin artificios. Sobre ellas descansa —con ligereza inesperada— una superficie de cristal en forma de U invertida que apoya directamente en el suelo. Transparente, sutil, casi etérea, el cristal permite que el mármol respire y que la luz atraviese la pieza, creando reflejos cambiantes a lo largo del día.
Alba II introduce un gesto sencillo que transforma la experiencia: sus bases pueden desplazarse hacia delante y hacia atrás. Este movimiento discreto amplía o recoge la mesa según las necesidades del momento. Un café en solitario, una tarde de libros, una reunión improvisada… la mesa responde sin imponerse. No se trata de un mecanismo llamativo, sino de una flexibilidad silenciosa, pensada para una vida real donde el espacio se vive y se transforma constantemente.
Cada detalle de Alba II refleja un profundo respeto por el oficio. Las proporciones están estudiadas para que la pieza resulte ligera a la vista, pese a la nobleza de sus materiales. Los encuentros entre mármol y cristal se resuelven con precisión, dejando que cada material exprese su carácter sin competir. Aquí no hay estridencias ni excesos: solo decisiones honestas, fruto del saber hacer y de una manera de diseñar que prioriza la calidad, la durabilidad y la belleza que no caduca.
Alba II está pensada para hogares que valoran la calma, la luz y el tiempo bien vivido. Es una pieza que no busca llamar la atención de inmediato, sino quedarse, formar parte del paisaje cotidiano y ganar significado con los años. Como los objetos que atesoramos sin saber muy bien por qué, esta mesa acompaña la vida con discreción y carácter. Porque los muebles con alma no se imponen: se integran, sostienen y, en silencio, hacen que el espacio se sienta verdaderamente propio.
La mesa de centro Alba II nace como una evolución natural de la icónica Alba, una pieza que ya hablaba de equilibrio y proporción. En esta reinvención, la forma se vuelve aún más libre y versátil, pensada para acompañar los gestos cotidianos de la vida contemporánea. No es solo una mesa: es un pequeño paisaje doméstico que se adapta al ritmo del día, a la luz que entra por la ventana, a las conversaciones que se alargan sin prisa. Alba es una mesa con bases de mármol que entiende el salón como un lugar para estar, no solo para pasar.
En la mesa Alba sus dos bases de mármol sostienen la esencia de la pieza. Su presencia es firme, serena, casi escultórica. El mármol, con sus vetas únicas y su tacto frío y mineral, habla de tiempo, de materia que ha aprendido a ser bella sin artificios. Sobre ellas descansa —con ligereza inesperada— una superficie de cristal en forma de U invertida que apoya directamente en el suelo. Transparente, sutil, casi etérea, el cristal permite que el mármol respire y que la luz atraviese la pieza, creando reflejos cambiantes a lo largo del día.
Alba II introduce un gesto sencillo que transforma la experiencia: sus bases pueden desplazarse hacia delante y hacia atrás. Este movimiento discreto amplía o recoge la mesa según las necesidades del momento. Un café en solitario, una tarde de libros, una reunión improvisada… la mesa responde sin imponerse. No se trata de un mecanismo llamativo, sino de una flexibilidad silenciosa, pensada para una vida real donde el espacio se vive y se transforma constantemente.
Cada detalle de Alba II refleja un profundo respeto por el oficio. Las proporciones están estudiadas para que la pieza resulte ligera a la vista, pese a la nobleza de sus materiales. Los encuentros entre mármol y cristal se resuelven con precisión, dejando que cada material exprese su carácter sin competir. Aquí no hay estridencias ni excesos: solo decisiones honestas, fruto del saber hacer y de una manera de diseñar que prioriza la calidad, la durabilidad y la belleza que no caduca.
Alba II está pensada para hogares que valoran la calma, la luz y el tiempo bien vivido. Es una pieza que no busca llamar la atención de inmediato, sino quedarse, formar parte del paisaje cotidiano y ganar significado con los años. Como los objetos que atesoramos sin saber muy bien por qué, esta mesa acompaña la vida con discreción y carácter. Porque los muebles con alma no se imponen: se integran, sostienen y, en silencio, hacen que el espacio se sienta verdaderamente propio.